18.05.08 - EL NORTE DE CASTILLA
Geminiano Herranz, que a sus 78 años conserva intacta la capacidad de realizar cortes precisos a la lana de las ovejas sin dañarles la piel, realizó ayer en la Casa del Esquileo de Cabanillas del Monte, en el municipio de Torrecaballeros, una exhibición que constituyó toda una 'clase magistral' sobre el antiguo oficio de esquilador, tradicionalmente relacionado con la trashumancia del ganado lanar por las vías pecuarias que atraviesan la provincia de Segovia.
Hace tiempo que esquilar dejó de ser el trabajo de Geminiano, aunque muestra a menudo su pericia casi intacta en estas exhibiciones, en las que acompaña cada tarea con una explicación de cada paso para que los espectadores conozcan esta labor y las tradiciones que rodeaban a la actividad del pastoreo trashumante.
La 'clase magistral' de esquileo incluye el canto de la 'Salve de los esquiladores', oración dedicada a la Virgen que cantaban al concluir su trabajo. En el coro participan el esquilador y el público, compuesto ayer por un centenar de personas, para poner fin a la demostración que comenzó con la visita de las distintas estancias de la finca, según informa Efe.
La Casa del Esquileo, propiedad de la familia Peñalosa, es el único edificio que queda en pie y en la misma disposición original del más de un centenar que hubo en España de los que fueron construidos a lo largo del siglo XVIII. La casa de Cabanillas fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1997.
El Esquileo de Cabanillas fue diseñado a finales del siglo XVIII por el arquitecto Díaz de Gamones, responsable también de la construcción del Palacio de Riofrío, y además de las salas de descanso, para el ganado y para los pastores y esquiladores, la vivienda cuenta con un despacho con chimenea y una capilla que servía de nexo de unión entre la residencia y el lugar de trabajo de los esquiladores.
Rodrigo Peñalosa, propietario y gestor de la Casa del Esquileo de Cabanillas, explicó que esta iniciativa de recordar el antiguo oficio y mostrar donde se realizaba tiene como objetivo «poner en valor un edificio histórico ligado a una actividad tan importante en su día como la trashumancia», y aseguró que al oficio del esquilador se unen otras actividades de igual importancia que hoy se pueden considerar desaparecidas.
Además de los esquiladores, destacó Peñalosa, «trabajaban los atadores, que preparaban a las ovejas; los morenos, que daban de ceniza o carbón a las heridas que pudieran practicarle al animal por la falta de precisión de las tijeras; los recibidores, que recogían y hacían vellones con la lana, o las mujeres encargadas de lavar la lana; todos ellos integrados en la cadena de producción».

La clase magistral de Geminiano
Geminiano Herranz explica una de las operaciones del trabajo del esquilador. / ANTONIO DE TORRE